Blog Paleobull
Cuando piensas en una dieta equilibrada, seguramente te venga a la mente la típica imagen de variedad, color y proporciones adecuadas. Y no vas desencaminado. Una alimentación saludable implica un balance entre proteínas, hidratos de carbono, grasas, así como suficientes vitaminas y minerales para que tu organismo funcione como debe.
Durante décadas has escuchado que el desayuno es la comida más importante del día. La repetición constante ha convertido esa idea en una supuesta verdad incuestionable, hasta el punto de que muchas personas la han adoptado sin plantearse su origen o su fundamento real.
Durante años, los hidratos de carbono han sido el centro de muchos debates. Se les ha culpado de picos de glucosa, aumento de peso y problemas metabólicos. Pero no todos los carbohidratos funcionan igual. Algunos, como el almidón resistente, actúan más como fibra que como azúcar. No se digieren en el intestino delgado, sino que llegan al colon, donde alimentan a tu microbiota y generan compuestos que protegen tu salud.
Cada estación tiene sus propios alimentos. Y no es casualidad: la naturaleza ofrece justo lo que el cuerpo necesita en cada momento. En otoño, con menos luz solar y temperaturas más bajas, disminuye la energía, se debilita el sistema inmune y puede aparecer un ligero bajón anímico.
Las ensaladas son las reinas del verano. Bien combinadas, resultan frescas y nutritivas. Aprovechar las verduras y hortalizas de temporada es una forma sencilla de cuidar tu cuerpo –y tu piel– en los meses de más sol.