Redescubre la salud ancestral

En un mundo donde los avances tecnológicos y el estilo de vida moderno gobiernan nuestro día a día, recuperar los hábitos saludables de nuestros ancestros podría ser la clave para mejorar nuestra salud. Nuestro cuerpo está naturalmente adaptado a estímulos que, aunque poco comunes en la actualidad, eran esenciales para la supervivencia y bienestar de nuestros antepasados.

Al reintroducir estas prácticas ancestrales y eliminar ciertos estímulos modernos que perjudican nuestra biología, podemos lograr un equilibrio que beneficie tanto nuestro estado físico como mental. Incorporar estas costumbres en nuestra vida diaria no solo nos conecta con nuestras raíces, sino que también puede marcar una gran diferencia en nuestra calidad de vida.

De hecho, muchas de las cuestiones que vamos a tratar no es que hayan sido eliminadas por completo de nuestros hábitos, pero es probable que hayamos olvidado su relevancia y las hayamos excluido de tal forma que no nos aporten los beneficios que a lo largo de la historia de la evolución humana sí nos han procurado con regularidad y que, en algunos casos, nos han permitido sobrevivir como especie. 

La importancia de caminar

La importancia de caminar

Nos hemos vuelto sedentarios en exceso. No se trata solo de no hacer ejercicio físico, sino de que incluso nos cuesta caminar. La evidencia científica sobre sus ventajas es abrumadora y está ampliamente demostrado que ayuda a vivir más y mejor. Nuestros ancestros, poblaciones principalmente nómadas, se pasaban el día caminando en busca de alimento o agua para subsistir. Lo que en tiempos remotos era la norma, ahora se ha convertido en la excepción.

Estudios recientes concluyen que completar entre 7.000 y 9.000 pasos al día es un buen objetivo de salud para la mayoría de las personas, pero incluso si no es asumible por determinadas circunstancias, realizar 4.000 o 5.000 ya se asocia significativamente con una mejora en muchos parámetros y con una mayor longevidad. 

Si encontrar el tiempo necesario para alcanzar esos objetivos no es realista para muchas personas, siempre se pueden añadir pasos subiendo escaleras, prescindiendo del coche o del transporte público para ir al trabajo, o fomentando pequeñas píldoras de actividad cotidiana que impliquen elevar notablemente la cantidad total de pasos.

Respirar aire puro y exposición al sol

Caminar más lleva asociados importantes beneficios, hacerlo en contacto con la naturaleza (idealmente en entornos alejados de los centros urbanos) potencia todavía más esos beneficios. El simple hecho de disfrutar de zonas verdes de manera habitual o vivir cerca de ellas ya supone en sí una mejora sustancial, como certifica la ciencia. Menos contaminación, la exposición al sol, mayor probabilidad de utilizar los espacios naturales para hacer deporte y una considerable reducción del estrés y la ansiedad se esconden tras esta realidad.

Caminar mucho y por la naturaleza, como nuestros antepasados, parece una buena receta para la salud, pero si nos olvidamos del calzado, que deforma y debilita nuestros pies, los resultados pueden ser incluso mayores. Probar a caminar descalzos sobre la hierba o la arena de la playa puede ser evocador y revitalizante, ya que nuestros pies se benefician al liberarse del calzado, que puede deformarlos y debilitarlos.

Fortalece tu cuerpo y alimenta tu vida

Ganancia muscular y alimentación saludable

Otro aspecto importante es fomentar la ganancia de fuerza y el desarrollo muscular. Nuestros ancestros levantaban objetos pesados para construir refugios o cargar con sus presas, lo que les permitía mantener un buen tono físico.

Hoy en día, sucede justo lo contrario y perdemos una mayor proporción de masa muscular por no utilizarla más que por factores como la edad. El músculo es salud y el entrenamiento de fuerza, ya sea con equipamiento o con el propio peso corporal, es una buena estrategia para mejorar nuestro estado de múltiples maneras.

Si nos centramos en la alimentación, está claro que la obesidad se ha convertido en uno de los mayores problemas de nuestro tiempo y para contrarrestarla, además de una mayor actividad física, es recomendable basar nuestra dieta en alimentos frescos mínimamente procesados.

Nuestros ancestros reconocían fácilmente frutas, verduras, carnes, pescados, frutos secos, legumbres y algunos cereales. Hoy en día, evitar los alimentos ultraprocesados y optar por una alimentación natural es esencial para nuestra salud.

Tampoco podían permitirse el lujo de comer siempre que les viniera en gana porque dependían mucho de sus capturas o de lo que pudieran encontrar en su entorno por lo que el ayuno siempre estaba a la orden del día. Y no parece que supusiera un problema. Aquí seguimos unos millones de años después.

El ritmo natural de la vida

Respetar los procesos naturales del organismo es crucial. El desorden horario en las comidas o la falta de sueño están asociados a un mayor riesgo de sufrir diversas enfermedades. Mantener un ritmo regular de alimentación (crononutrición) y asegurar un buen descanso son prácticas esenciales. Además, nuestros ancestros no utilizaban dispositivos electrónicos por la noche. Reducir la exposición a la luz artificial antes de dormir mejora la calidad del sueño.

Exponerse de manera puntual al frío o al calor es beneficioso, ya que ambos activan mecanismos termorreguladores que mejoran nuestra salud metabólica y cardiovascular. Las duchas con agua fría o abrigarse un poco menos de lo necesario son métodos para activar estos mecanismos. Probar la sauna, una práctica común en Finlandia, también puede ser beneficioso.

Vivir es evolucionar

Nuestros ancestros se caracterizaban por estar en constante evolución y aprender nuevas habilidades que garantizaran su supervivencia en entornos relativamente hostiles. Adquirir nuevos conocimientos y tener la capacidad de adaptarse a los desafíos del día a día, además de enriquecedor, fomenta una mayor capacidad cognitiva y mejora nuestra vida.

Aplicar las enseñanzas que millones de años historia evolutiva puede mejorar significativamente nuestra salud y bienestar. Caminar descalzo en plena naturaleza, fortalecer nuestro cuerpo, alimentarnos de manera natural, respetar nuestro ritmo biológico y experimentar sensaciones térmicas contrapuestas son formas de aprender a cuidarnos y evolucionar hacia un estado más placentero. Vivir mejor resulta a veces muy sencillo.

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