Guía para comprender tu analítica de sangre

Las analíticas de sangre son uno de los métodos diagnósticos más utilizados en la medicina moderna. Proporcionan una visión detallada de diversos aspectos de nuestra salud, desde el funcionamiento de los órganos hasta el estado de nuestro sistema inmunológico. Aunque los resultados pueden parecer complejos, entenderlos es esencial para tomar decisiones informadas sobre nuestra salud.

Es curioso el poder que un simple asterisco puede ejercer sobre nuestro estado de ánimo. Tras conocer los resultados de nuestra última analítica de sangre, una sonrisa puede dibujarse en nuestro rostro si todos los parámetros están dentro de los valores normales. Sin embargo, si hay alguna anomalía, una expresión de preocupación puede acompañarnos al salir de la consulta.

Es fundamental entender que, aunque la información reflejada en la analítica es importante, no siempre determina completamente nuestro estado de salud. Por ejemplo, una gran revisión de Cochrane analizó datos de casi 200,000 personas durante más de 20 años. Los investigadores concluyeron que los chequeos médicos no reducían la mortalidad global ni la específica por enfermedad, y sugirieron que pueden promover el sobrediagnóstico más que detectar problemas relevantes, una opinión compartida por instituciones como la Universidad de Harvard.

Estos reconocimientos tienen más sentido en pacientes con sintomatología o enfermedades conocidas que en los considerados sanos. Las analíticas de sangre ofrecen información valiosa, pero su relevancia varía según cada paciente y su historia clínica. Es esencial analizar los resultados considerando las características individuales de cada caso, ya que un valor fuera del rango puede no significar nada en una persona, mientras que en otra puede tener repercusiones importantes.

Cómo interpretar un análisis de sangre

Interpretar análisis de sangre

Saber interpretar y entender qué resultados se nos muestran nunca está de más y, aunque corresponde a nuestro médico definir la intervención correspondiente, puede ayudarnos a ser más conscientes de nuestra propia salud.

Por norma general una analítica se compone de un estudio del hemograma, que cuantifica y evalúa los elementos de la sangre como hematíes (glóbulos rojos), leucocitos (glóbulos blancos) o plaquetas, y de una prueba bioquímica que puede incluir un perfil metabólico básico, de lipoproteínas y el análisis de enzimas.

En función de los resultados se pueden saber, datos muy significativos sobre el estado de nuestra salud. Por ejemplo, es posible saber si tenemos anemia, diabetes, problemas de coagulación, insuficiencia renal o incluso deficiencias nutricionales. Estos son algunos de los parámetros fundamentales.

Hemograma

Glóbulos rojos, hematíes o eritrocitos. Los glóbulos rojos se encuentran en la sangre y se encargan de llevar hemoglobina, que aporta el oxígeno desde los pulmones, a todo el cuerpo. Un nivel bajo puede ser síntoma de anemia, mientras que un nivel alto puede ser señal de deshidratación o problemas pulmonares.

Glóbulos blancos o leucocitos. Estas células forman parte del sistema inmune, y con su medición obtenemos información sobre su estado. Los hay de varios tipos (segmentados, linfocitos, monocitos, eosinófilos y basófilos). Un nivel alto puede significar que el organismo sufre algún tipo de inflamación, infección u otra amenaza, mientras que una baja concentración puede ser señal de que el sistema inmune está comprometido.

Plaquetas. Estas células sanguíneas muestran nuestra capacidad para hacer frente a una hemorragia, ayudan en la coagulación de la sangre. Si su nivel es más bajo de lo recomendado, nuestra capacidad para frenar una hemorragia será más reducida, y un nivel alto puede aumentar el riesgo de trombosis.

Nivel de coagulación. Nos permite conocer cuánto tarda nuestro cuerpo en detener una hemorragia. Para calcularlo, se utilizan los tiempos de trombina y de tromboplastina. Un nivel alto indica que nuestra sangre necesita más tiempo para coagularse y, en pacientes que no toman anticoagulantes, puede ser especialmente relevante y necesario someterse a más pruebas.

Bioquímica sanguínea

La bioquímica sanguínea incluye una serie de pruebas que evalúan el funcionamiento de varios órganos y sistemas del cuerpo.

Glucosa. El nivel de glucosa en sangre, tanto si está por encima o debajo de lo considerado normal, puede ser signo de alarma. La glucosa elevada o hiperglucemia puede ser señal de cualquier tipo de diabetes, mientras que los niveles bajos indican un estado de hipoglucemia, es decir, que nuestro organismo no tiene la suficiente energía para realizar funciones básicas.

Creatinina. Una elevada concentración de esta sustancia puede reflejar un problema renal, ya que los riñones, en condiciones normales, la eliminan del cuerpo. Si su valor es bajo, es decir, si no hay creatinina que eliminar, se relaciona con una musculatura deficiente. Por su parte, la urea, los iones y el ácido úrico, si se acumulan, también pueden indicar insuficiencia renal.

Ácido úrico. Una concentración elevada de ácido úrico también puede ser indicativo de un problema nutricional que puede causar gota por una alimentación rica en proteínas que no se eliminan adecuadamente.

Bilirrubina. Esta sustancia permite observar el metabolismo de la hemoglobina y puede ser signo de un problema en el hígado cuando este es incapaz de eliminarla. 

Albúmina y proteínas. Con la medición de esta proteína y del número total de proteínas se puede determinar hasta qué punto nuestra alimentación es la adecuada. Los niveles bajos indican que nuestro estado nutricional no es bueno, mientras que un dato elevado puede requerir un análisis más profundo. 

Calcio. Este mineral es fundamental en la formación de los huesos y en el desarrollo de otras funciones importantes como la contracción muscular. Un nivel bajo puede estar relacionado con diversos problemas musculoesqueléticos mientras que en exceso hay que estudiarlo con más detalle. 

Sodio, potasio o cloro. El aumento de estos iones puede estar provocado por una insuficiencia renal o deshidratación y bajar como consecuencia de vómitos o diarreas. Unos niveles elevados de sodio pueden asociarse a un consumo excesivo de sal y suponer un riesgo de hipertensión arterial.

Hierro. La ferritina y transferrina son los parámetros que deben centrar nuestra atención. Niveles elevados pueden estar relacionados con problemas hepáticos si se acumulan en exceso en el hígado, mientras que su déficit es sinónimo de anemia. 

Colesterol y triglicéridos

La interpretación de las analíticas de sangre para medir los niveles de lípidos es crucial para evaluar el estado general de salud de un individuo. Más allá de los valores absolutos de colesterol y triglicéridos, es esencial prestar atención a los ratios y contextos específicos que pueden ofrecer una visión más completa de la salud cardiovascular.

Colesterol

El colesterol es una sustancia grasa esencial para el organismo, pero sus niveles en sangre deben mantenerse en un rango saludable. Se dividen en varias fracciones, las más relevantes son:

  • Colesterol total (CT): Niveles inferiores a 240 mg/dL se consideran deseables. Sin embargo, la interpretación del colesterol total debe tener en cuenta otros factores, como los niveles de colesterol HDL y LDL.
  • Colesterol LDL (LDL-c): Este es el colesterol transportado por lipoproteínas de baja densidad. Debe mantenerse por debajo de 160 mg/dL para considerarse en un rango saludable.
  • Colesterol HDL (HDL-c): Es el colesterol transportado por lipoproteínas de alta densidad y se considera beneficioso. Se recomienda mantenerlo por encima de 40-50 mg/dL.

Triglicéridos (TG)

Los triglicéridos son otro tipo de grasa en la sangre, y sus niveles deben ser inferiores a 100 mg/dL para considerarse saludables.

Importancia de los ratios e índices aterogénicos

Más allá de los valores individuales de colesterol y triglicéridos, los ratios e índices aterogénicos pueden proporcionar información valiosa sobre la salud cardiovascular. Algunos de los más relevantes son:

  • Ratio triglicéridos/HDL (TG/HDL): Este ratio se calcula dividiendo el nivel de triglicéridos entre el nivel de HDL. Un ratio inferior a 2 es preferible, indicando un mejor balance entre triglicéridos y colesterol «bueno».
  • Ratio colesterol total/HDL (CT/HDL): Este ratio se calcula dividiendo el nivel de colesterol total entre el nivel de HDL. Un ratio inferior a 4 es ideal, ya que indica una proporción saludable entre el colesterol total y el colesterol «bueno».
  • Colesterol No-HDL (CT - HDL): Este ratio se calcula restando el nivel de HDL del colesterol total. Un valor por debajo de 190 mg/dL es considerado saludable, indicando un equilibrio adecuado entre el colesterol total y el HDL.
  • Colesterol remanente (RC): Este ratio se calcula restando el nivel de HDL y el nivel de LDL del colesterol total (CT - HDL - LDL). Un valor por debajo de 30 mg/dL es preferible, indicando una cantidad mínima de lipoproteínas remanentes potencialmente aterogénicas.

Apolipoproteína B (ApoB) y su importancia en el perfil lipídico

La apolipoproteína B (ApoB) es una proteína esencial que se encuentra en las lipoproteínas de baja densidad (LDL), conocidas como colesterol «malo». ApoB es fundamental en el transporte y metabolismo de los lípidos. A diferencia del colesterol LDL, que mide la cantidad de colesterol dentro de las partículas LDL, la medición de ApoB cuenta el número de partículas LDL, proporcionando una evaluación más precisa del riesgo cardiovascular. Un nivel elevado de ApoB indica un mayor número de partículas aterogénicas, lo que puede aumentar el riesgo de enfermedades del corazón.

El rango normal de ApoB es generalmente de 55-140 mg/dL en hombres y 55-125 mg/dL en mujeres. Por ello, la medición de ApoB se está convirtiendo en una herramienta importante para una evaluación más detallada del perfil lipídico y el riesgo cardiovascular.

Consideraciones adicionales

Es fundamental que la interpretación de estos valores se realice en conjunto con otros factores de salud, como la presión arterial, el índice de masa corporal (IMC) y el estilo de vida de la persona. La evaluación de estos parámetros debe ser personalizada y realizada por un profesional de la salud para determinar las estrategias más adecuadas para cada individuo.

En resumen, para una interpretación precisa de las analíticas de sangre en relación al colesterol y los triglicéridos, es crucial considerar no solo los valores absolutos, sino también los ratios y el contexto clínico del paciente. Esto permite una evaluación más completa del estado de salud y la adopción de medidas preventivas adecuadas.

Hormonas y otros marcadores

Dependiendo de tus síntomas y antecedentes médicos, tu médico puede solicitar pruebas adicionales para medir hormonas y otros marcadores específicos.

TSH (Hormona Estimulante de la Tiroides). Utilizada para evaluar la función tiroidea. Niveles anormales pueden indicar hipotiroidismo o hipertiroidismo.

PSA (Antígeno Prostático Específico). Utilizado para detectar problemas de la próstata en hombres.

Si nuestra analítica muestra valores alterados en cualquiera de estos parámetros (el famoso asterisco) debe ser nuestro médico el que determine si son necesarias pruebas complementarias o el tipo de intervención, ya sea farmacológica o relativa a nuestro estilo de vida, que es preciso abordar.

Más allá de la analítica de sangre

Pruebas para medir la capacidad y aptitudes físicas

Al principio mencionábamos que, aunque valiosa, la información que muestra una analítica de sangre puede no definir al cien por cien si nuestro estado de salud es el adecuado. Por ello, hay quien aboga por complementarla con otro tipo de pruebas que midan nuestra capacidad y aptitudes físicas y que, llegado el momento, pueden ser un buen predictor de los riesgos que enfrentamos. 

La velocidad al caminar, la prueba de las escaleras, la capacidad para recorrer una distancia o el número de flexiones que podemos hacer en un intento, la fuerza de agarre, sentarse y levantarse del suelo sin ayuda o una prueba de equilibrio son algunos métodos que la ciencia ha incorporado como criterio de análisis en los últimos tiempos.

En definitiva, los biomarcadores han demostrado históricamente su utilidad, sobre todo en aquellos casos de riesgo o en personas que ya sufren alguna enfermedad, pero unos valores alterados pueden no ser definitivos para todo el mundo. Los resultados de una analítica de sangre deben ser interpretados por un profesional de la salud que debe ponerlo todo en contexto en función de nuestro historial clínico.

Lo que está claro es que hay una mayor probabilidad de que esos datos nos hagan abandonar una consulta con una sonrisa si nuestros hábitos son saludables. La dieta y el ejercicio físico son un binomio ganador y la garantía de que muy probablemente vivamos más años con una mejor calidad de vida.

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