Inteligencia artificial

Algo grande ha vuelto a pasar

Nos alegra presentar un artículo especial de Pablo Vázquez, creador de Vida Inteligente, una plataforma de formación y divulgación desde la que ayuda a entender y aplicar la inteligencia artificial de forma práctica en la vida y el trabajo.

Pablo es ingeniero informático, tiene un máster en Inteligencia Artificial y ha trabajado durante más de quince años como consultor en el ámbito de la inteligencia aplicada, principalmente en Nueva York. Además, es autor de Tsunami: comprende, domina y aprovecha la inteligencia artificial, un libro sobre cómo afrontar y aprovechar uno de los mayores cambios tecnológicos de nuestro tiempo.

En este artículo comparte su visión sobre cómo está evolucionando nuestra forma de trabajar con la IA y qué cambios conviene adoptar para utilizarla de manera más organizada, eficiente y consciente.

¡Os dejamos con Pablo!

Hace unos meses se hizo viral un ensayo de Matt Shumer titulado «Something Big Is Happening» (Algo grande está pasando). Su tesis, muy resumida, era que la disrupción provocada por la inteligencia artificial ya había ocurrido dentro de determinados trabajos, aunque la mayoría todavía no se hubiera enterado.

Yo escribí entonces mi propia respuesta. Estaba de acuerdo con la aceleración y con el salto desde los chatbots hacia sistemas capaces de ejecutar tareas (los llamados «agentes IA»), pero no compraba ni la analogía literal con el COVID ni algunas de las predicciones más dramáticas del artículo.

Sigo pensando lo mismo. Pero también creo que, mientras especulábamos sobre cuándo llegaría el futuro, algo importante ha cambiado ya en el presente.

No hace falta recurrir a una predicción sobre el empleo o a benchmarks genéricos y difícilmente comprensibles. Basta con fijarse en cómo trabajamos quienes utilizamos estas herramientas todos los días.

Durante los primeros años de la IA generativa, casi todos seguimos el mismo ritual: abrir una pestaña, escribir una pregunta, copiar la respuesta y volver al documento, la hoja de cálculo o la aplicación en la que estábamos trabajando.

Y ese uso sigue siendo válido, pero se está quedando desfasado. La nueva manera de trabajar con IA nos exige dos grandes transiciones. Y hay una tercera que no es obligatoria, pero que cada vez resulta más recomendable para quien la utilice con frecuencia.

Primera transición: de visitar la IA en la web a trabajar con ella en local

Hasta hace poco hemos utilizado la IA principalmente desde la web. Si queríamos trabajar con un documento, teníamos que buscarlo, subirlo, explicar qué necesitábamos y descargar después el resultado. Trabajar de manera colaborativa con la IA sobre un documento era difícil, y cuando volvíamos unos días más tarde, muchas veces tocaba repetir buena parte del proceso.

Las nuevas aplicaciones de escritorio permiten trabajar de otra manera. Podemos darles acceso a una carpeta concreta del ordenador para que consulten los archivos que ya contiene, los modifiquen cuando sea necesario y guarden allí los nuevos resultados.

Esto no solo evita subir y descargar documentos continuamente. También permite que los materiales de un trabajo (el encargo, las fuentes, los borradores y las distintas versiones) permanezcan juntos.

La carpeta se convierte así en el lugar de referencia, tanto para nosotros como para la IA. Cuando retomamos el trabajo, partimos de los mismos archivos y de su versión más reciente. Y si mañana cambiamos de herramienta, los materiales siguen siendo nuestros y continúan en el mismo sitio.

La web no desaparece. Sigue siendo una opción válida para hacer una consulta rápida. Pero si la IA necesita trabajar con varios archivos o producir algo que después vamos a revisar, modificar o reutilizar, mi recomendación es empezar en la aplicación de escritorio. Esto es importante ahora y lo será cada vez más, porque el centro de gravedad de la IA se está desplazando claramente de la web al escritorio.

Esa es por tanto la primera transición que conviene hacer: pasar de utilizar la IA casi exclusivamente en la web a trabajar con ella directamente sobre nuestros archivos y carpetas locales.

La segunda transición está relacionada pero es diferente, y tiene que ver con cómo organizamos ese trabajo.

Segunda transición: de conversaciones sueltas a trabajar por defecto dentro de proyectos

Trabajar desde la web también nos acostumbró a organizarlo todo en conversaciones sueltas. Una pregunta, un chat. Otro asunto, otro chat. Esto funciona para resolver una duda, pero bastante peor para trabajar en un proyecto, donde es necesario completar muchas tareas relacionadas a lo largo del tiempo.

Mi recomendación es sencilla: para el trabajo serio, utilizar proyectos por defecto.

Voy a explicarlo utilizando ChatGPT porque es la interfaz más popular pero conceptualmente esto sería equivalente en Claude. En la aplicación de escritorio hay dos opciones principales en el selector: ChatGPT y Codex. Si eliges ChatGPT y abres una nueva tarea, puedes escoger entre Chat y Work.

Aquí hay que entender que un proyecto no es otro modo de IA. Es el lugar donde agrupamos tareas y esfuerzos que comparten archivos, fuentes e instrucciones y que están relacionados y orientados a conseguir algo (o en otras palabras, a completar un proyecto). En otras palabras, deberíamos usar:

  • Chat para una consulta rápida. Si no necesitas conservar la conversación, puedes utilizar además el modo temporal para no «ensuciar» tu historial de chats.
  • Work sin proyecto para un encargo concreto que empieza y termina en esa tarea, como comparar varios seguros de coche. Al cabo de un rato eliges uno y terminas.
  • Work con proyecto cuando el trabajo tendrá continuidad, producirá varios resultados o utilizará repetidamente los mismos materiales. Puedes escoger una carpeta existente en la que ya tengas parte del trabajo o documentos iniciales con contexto importante, o puedes crear una nueva. Personalmente te recomiendo crear una carpeta en tu ordenador y no usar la que te crea ChatGPT por defecto, que te puede resultar más difícil de encontrar luego.

¿Y Codex? Codex queda para programar. Puedes utilizarlo para crear y mejorar aplicaciones o automatizaciones, siempre dentro de una carpeta local (conceptualmente equivalente a un proyecto porque una aplicación no deja de ser un proyecto de programación) e idealmente con control de versiones.

Este control de versiones puede ser algo tan sencillo como guardar copias de la carpeta cuando vayas llegando a versiones estables de tu aplicación, o puedes usar una solución como «git» (esto es más avanzado pero no es difícil; el mismo ChatGPT te puede explicar qué es y guiar su instalación y configuración paso a paso).

Como decía, en Claude los nombres y la distribución son diferentes (Chat, Projects, Cowork y Claude Code), pero la idea general es la misma: separar las consultas rápidas del trabajo con continuidad y organizar bien los materiales.

Tercera transición: de lo gratuito a lo de pago (cuando tenga sentido)

Soy consciente de que para algunas personas, cualquier gasto adicional pone más estrés sobre una economía familiar ya estresada, luego escribo estas líneas con cautela. Pero entre los profesionales que utilizan la IA varias veces por semana, la resistencia no siempre responde al presupuesto. A veces es pura inercia cultural.

Estamos acostumbrados a que las herramientas digitales sean gratuitas o muy baratas y examinamos estas suscripciones mucho más que otros gastos de una cantidad parecida. Pero para un uso intensivo o con trabajo de una cierta complejidad, la versión gratuita no siempre permite valorar bien la herramienta. Cuando llegas al límite, puedes tener que parar o continuar con un modelo con menos capacidad y menos herramientas. En ese punto ya no estás probando la experiencia completa, sino una versión con menos capacidad y más fricción (errores, mensajes de que has alcanzado el límite, documentos y respuestas de menos calidad y que por tanto has de «pulir» tú mismo...).

En España, por ejemplo, un plan normal ronda los 20 euros al mes. Una salida al cine en pareja puede costar lo mismo o más. También una camiseta corriente o una suscripción de entretenimiento que apenas utilizamos. No hay nada necesariamente malo en ninguno de esos gastos y mi comparación no busca juzgarlos, sino preguntarnos por qué aplicamos criterios tan distintos según el tipo de compra.

No se trata necesariamente de gastar más, sino de revisar qué nos aporta cada gasto. Si una herramienta mejora nuestro trabajo o nos ahorra varias horas al mes, merece al menos una prueba real. Mi recomendación para todo el que pueda es pagar uno o dos meses, utilizarla tanto como sea posible tanto en lo personal como en lo profesional (idealmente priorizando aquellas áreas y tareas concretas que más «mueven la aguja»), y decidir después. 

Si no aporta suficiente valor, se cancela. Pero en muchas ocasiones el retorno en tiempo, dinero o simplemente energía creo que va a ser claramente positivo. O en otras palabras, no va a ser un gasto sino una inversión.

Si quieres probar las versiones de pago, estas son mis recomendaciones

Una pregunta muy recurrente entre mis alumnos es por qué versión pagar. Esto cambia con frecuencia pero ahora mismo este es mi punto de vista:

  • Si solo vas a pagar una suscripción, elegiría ChatGPT Plus o Claude Pro.
    • La selección de modelos en ChatGPT está un poco por delante en conjunto y sus límites de uso son más amplios. Es por tanto la opción más completa para la mayoría.
    • Claude Pro tiene una ventaja distinta. Cowork solo está disponible en los planes de pago, mientras que ChatGPT mantiene una versión gratuita con cierto margen de uso. Si pagas Claude Pro, puedes utilizar Cowork y seguir recurriendo a ChatGPT gratis. Si pagas únicamente ChatGPT Plus, no tendrás acceso a Cowork.
  • Si utilizas mucho la IA, probaría dos planes «estándar» antes de saltar a uno premium. Combinar Claude Pro y ChatGPT Plus cuesta unos 40 euros al mes y, para la mayoría, ofrece suficiente calidad, capacidad y flexibilidad. Puedes utilizar cada herramienta para un tipo de proyecto o tarea distinto (mi recomendación), o trabajar por defecto con tu herramienta favorita y «saltar» a la otra cuando llegues a los límites (también es válido, aunque te obliga a transferir cierto contexto cada vez).
  • Los planes de entre 100 y 200 euros son para un uso muy avanzado e intensivo. Solo pagaría ese nivel si la IA ya es una parte central de tu trabajo y los límites de los planes normales te frenan de manera habitual.

Cómo empezaría hoy

Si quieres probar esta manera de trabajar sin convertirla en otro proyecto de productividad que tarda más en organizarse que en hacerse, esto es lo que te recomendaría:

  1. Instala la aplicación de escritorio actual. En ChatGPT, comprueba además que no sigues utilizando la aplicación antigua. He visto problemas en personas que instalaron la nueva manteniendo ChatGPT Classic, así que yo cerraría y eliminaría primero la versión Classic y luego instalaría la nueva.
  2. Elige un trabajo real y créalo como proyecto. Un artículo, una investigación, una clase o una decisión que vaya a necesitar varias tareas y los mismos materiales. Y mételo todo dentro de la carpeta en la que ya estás trabajando o en una nueva si estás empezando de cero.
  3. Reserva Chat para consultas o peticiones rápidas. Cosas que no vayas a necesitar recuperar. Y puedes incluso usar el chat temporal (esquina superior derecha) para no «ensuciar» tu historial de conversaciones; también cuando quieras más privacidad.

Tras un par de días operando con este nuevo marco, observa qué ocurre. ¿Retomas el trabajo con menos fricción? ¿Obtienes mejores resultados? ¿Los límites gratuitos te interrumpen lo suficiente para justificar una suscripción? 

En resumen: primero cambia el método; después decide cuánto merece la pena pagar por mejorarlo.

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