Opciones de agua

Agua del grifo, filtrada, alcalina o embotellada: cuál es la mejor opción

Elegir qué agua beber parece una decisión sencilla, pero en realidad depende de varios factores: la calidad del agua de tu zona, tus gustos, tus hábitos y tus necesidades personales. En España, el agua del grifo suele ser segura, aunque su sabor, dureza o el tipo de tratamiento local varían según el lugar.

Esto explica que muchas personas consideren alternativas como el filtrado doméstico, el agua mineral embotellada o el consumo ocasional de opciones como el agua alcalina, el agua de mar o las aguas fermentadas.

En este artículo te contamos, qué aporta cada opción. Verás qué determina la calidad del agua, qué ventajas y límites tiene cada tipo y en qué situaciones te resulta más interesante una u otra.

¿Qué factores determinan la calidad del agua?

La calidad del agua que consumes depende de su origen, los tratamientos aplicados, el estado de las infraestructuras y el contenido natural de minerales. Factores como el sabor, la dureza, la presencia de cloro, la cantidad de sodio o la mineralización hacen que cada agua sea diferente. También influyen elementos del subsuelo o de las tuberías, aunque estos aspectos están regulados y se controlan con frecuencia.

Además de la que bebes, importa la calidad del agua que utilizas para cocinar o lavar alimentos. Por eso, algunas personas buscan soluciones que aumenten la sensación de pureza o que mejoren el sabor, incluso cuando el suministro municipal cumple las normas de seguridad.

Agua del grifo, embotellada o filtrada: ¿cuál elegir?

Agua del grifo o embotellada

Agua del grifo: segura y accesible

Según la OCU y las normativas europeas, el agua del grifo en España es, en general, segura. Procede de ríos o embalses y pasa por varios procesos de purificación y control antes de llegar a tu casa. Su ventaja principal es que es económica, sostenible y fácilmente disponible.

¿Por qué algunas personas no la prefieren? Por motivos de sabor, olor o dureza. Además influye la percepción de que el agua contiene pequeñas partículas o trazas de sustancias.

Aun así, cuando el sabor no convence o te interesa mejorar la filtración doméstica, existen soluciones sencillas y efectivas.

El papel del filtrado doméstico

Los sistemas de filtración mejoran el sabor, reducir el cloro y eliminar partículas que a veces influyen en la experiencia de consumo. Los más comunes son:

  • Jarras filtrantes. Son fáciles de usar y accesibles. Su principal limitación es la capacidad, por lo que no siempre encaja en hogares grandes. Conviene cambiar los filtros según lo indicado para evitar acumulaciones o pérdida de eficacia.
  • Filtros instalados en el grifo. Depuran el agua en el punto final. Mejoran el sabor y reducir compuestos indeseables. Requieren recambio periódico, pero ofrecen mayor comodidad que las jarras. 
  • Ósmosis inversa. Es uno de los métodos más eficaces cuando se busca un filtrado profundo. Reduce la mineralización, por lo que en algunos modelos se añade un remineralizador. Su coste es mayor y necesita instalación.
  • Filtros con membrana de alta eficacia. En casos concretos, bebés, personas inmunodeprimidas o necesidades específicas, existen filtros diseñados para garantizar un nivel muy alto de seguridad microbiológica. Incluso se utilizan filtros para la ducha en personas con dermatitis o piel muy sensible, ya que reducen la irritación asociada al cloro.

Agua embotellada: sabor estable y comodidad

El agua mineral embotellada no suele ofrecer beneficios superiores en términos de salud respecto al agua del grifo, pero tiene algunas ventajas prácticas como su sabor constante, una mineralización definida y estable, útil para personas con necesidades específicas y la comodidad cuando viajas o cuando la calidad local del agua no te convence.

Su principal inconveniente es el impacto ambiental y la posibilidad de que pequeñas partículas migren desde el envase plástico, un fenómeno más frecuente con altas temperaturas. Las botellas de vidrio no presentan este problema, aunque son menos prácticas.

En el mercado se distinguen tres tipos principales:

  • Aguas minerales naturales (AMN): proceden de acuíferos protegidos, se envasan en origen y su composición es estable.
  • Aguas de manantial (AM): similar a las anteriores, pero con menos restricciones de composición.
  • Aguas potables preparadas (APP): se someten a tratamientos adicionales para garantizar la potabilidad.

Una particularidad interesante: la normativa española es incluso más estricta con el agua del grifo en algunos aspectos, como la presencia de ciertos pesticidas, lo que mejora la confianza en el suministro público.

Otras opciones: gas, mar, alcalina o fermentadas

Agua con gas beneficios

Agua con gas: alternativa con matices

El agua con gas, natural o gasificada artificialmente, hidrata igual que el agua sin gas, pero algunas personas la encuentran más digestiva.

Entre sus efectos beneficiosos destacan la estimulación de la producción de ácido gástrico y bilis, el apoyo a la deglución en personas con disfagia, y una mayor sensación de saciedad, algo útil cuando  cuesta beber suficiente agua.

Aspectos a tener en cuenta

En casos de reflujo gastroesofágico, molestias digestivas frecuentes o tendencia a la hinchazón, esta opción resulta menos cómoda. Alguna variedades también aportan sodio cuando procede de determinadas fuentes minerales.

Respecto al mito de que el agua con gas perjudica a los riñones, algunos estudios apuntan incluso a un posible beneficio gracias a su contenido en bicarbonato

Su elección suele depender más del gusto que de beneficios clínicos claros, aunque encaja bien como como alternativa para reducir el consumo de refrescos o bebidas alcohólicas al socializar.

Agua de mar o agua salada: uso puntual y moderado

El consumo de agua de mar ha ganado popularidad, aunque la evidencia aún es limitada. Contiene magnesio, calcio, potasio y oligoelementos, y algunas personas la utilizan diluida para complementar la hidratación tras actividad física o como aporte mineral puntual.

Entre sus beneficios destaca el aporte de minerales que contribuyen a la salud ósea, muscular y metabólica, el apoyo al equilibrio ácido-base y un ligero refuerzo del sistema inmunitario. Cabe destacar que se le atribuyen propiedades antioxidantes por su contenido en selenio y zinc.

Si quieres probarla, lo recomendable es tomarla isotonizada, es decir, mezclada con agua dulce. Además, no es aconsejable para personas con hipertensión, problemas renales, cardíacos o tiroideos. Su uso debe ser moderado, ya que su contenido en sales es elevado.

No sustituye al agua convencional, pero tiene un espacio puntual en determinados contextos.

Agua alcalina: pH elevado y evidencia limitada

El agua alcalina tiene un pH superior a 7 (el neutro). Algunas personas la consumen por su sabor o por la sensación de hidratación que les aporta.

La literatura científica describe beneficios concretos en situaciones específicas, como el alivio del reflujo ácido, y una posible contribución modesta a la reducción de la pérdida ósea según estudios preliminares. No existen pruebas sólidas de prevención de enfermedades ni de una hidratación superior al agua corriente.

Las aguas con pH muy elevado, por encima de 9,8, alteran el equilibrio de electrolitos en personas sensibles, por lo que no se recomienda un consumo elevado de forma habitual.

Se comercializa embotellada o mediante filtros alcalinizantes. La adición de bicarbonato en casa no forma parte de una práctica aconsejable de manera regular.

Aguas saborizadas y fermentadas

Aguas saborizadas

Resultan una buena alternativa cuando cuesta beber suficiente agua. Las versiones caseras, elaboradas con frutas, hierbas o especias, aportan aroma sin aditivos. En las opciones comerciales conviene revisar la etiqueta, ya que algunas incluyen azúcar, edulcorantes o aromas artificiales.

Aguas fermentadas

Incluyen bebidas como el kéfir de agua, la kombucha o el rejuvelac (elaborada a partir de granos o semillas fermentadas como trigo o quinoa). Se elaboran mediante fermentación y contienen pequeñas cantidades de probióticos, ácidos orgánicos y vitaminas del grupo B.

Su consumo se asocia a una mejor digestión, al aporte de microorganismos beneficiosos y a una mayor diversidad de la microbiota cuando se integran con moderación.

Pero ojo porque también presentan limitaciones: contienen pequeñas cantidades de alcohol por la fermentación, además de azúcares residuales o añadidos y requieren refrigeración y una manipulación adecuada para evitar contaminaciones.

No existe una única respuesta válida para todo el mundo. La elección depende de tus gustos, tu comodidad y la calidad del agua de tu zona.

  • Agua del grifo: segura y práctica, con margen de mejora mediante filtrado.
  • Filtrada: buena opción si quieres mejorar el sabor o reducir ciertas partículas.
  • Embotellada: útil cuando buscas un sabor constante o una mineralización concreta.
  • Agua con gas: alternativa agradable para beber más agua o evitar refrescos.
  • Agua de mar o alcalina: un uso puntual, pero no son imprescindibles.
  • Aguas saborizadas y fermentadas: apoyo para beber más y, en algunos casos, beneficiar a tu microbiota.

Lo importante es que encuentres la opción que encaje contigo. La hidratación es esencial, adaptarla a tu estilo de vida sin necesidad de recurrir a soluciones extremas o asumir riesgos innecesarios, es la mejor estrategia. Tienes margen para elegir con calma, con criterio y según lo que mejor funcione en tu día a día.

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